Lenguaje espa�ol  Lenguaje ingl�s
Lenguaje frances  Lenguaje aleman

Logotipo Bodegas Carrillo de Albornoz

El despertar

+ info

Historia vitivinícola

+ info

Reestructuración del viñedo en la comarca

+ info

Majuelos

+ info

Nuestras instalaciones

+ info

La comarca del Arlanza tiene un clima ligeramente más frío al de otras regiones limítrofes, lo que se traduce en un peligro mayor de heladas tardías y en una maduración algo más retrasada de la uva. Factor que se está viendo disipado por el cambio climático producido en estos últimos años, consiguiéndose unas uvas de calidad con una maduración óptima.

El redescubrimiento de la calidad de la uva ha hecho renacer el viñedo que durante tanto tiempo atesoraba esta tierra, en nuestro caso, donde tenemos las parcelas pasó de tener 589 has de viñedo en 1888 a 31 en 2005, según consta en los registros vitícolas de la junta de Castilla y León.

 

Nos encontramos en una tierra donde el vino tiene nombre propio. El viñedo repartido por el centro y sur de la comarca pone orden y añade armonía en este característico paisaje. Las viñas salpican este territorio, apareciendo junto a bosques de encínas, fincas de cereal o cursos fluviales. Las fértiles vegas de los ríos han sido el sustrato ideal para el cultivo de la vid. Junto con la agricultura y el pastoreo, la actividad vitivinícola ha constituido durante siglos una forma de vida y una de las principales fuentes de ingresos de los habitantes del entorno. Los principales testimonios de esta actividad milenaria en la zona, se constatan con los numerosos viñedos o los barrios de bodegas que se adentran en el subsuelo y que encontraremos en la mayoría de los pueblos.

La tradición vitivinícola en la comarca, se remonta al siglo X, prueba de ello son las reseñas históricas de la existencia de viñedos en manos de los monasterios. Legado cultural y vitivinícola conservado hasta nuestros días. En el siglo XII, el monasterio de Santa María de Bujedo de Juarros adquirió viñedos en la Ribera del Arlanza para su abastecimiento.

Concretamente Avellanosa de Muñó, asentada en la orilla izquierda del rio Arlanza y que asciende hacia los páramos del Norte de la Ribera del rio Duero, es una villa antigua, mencionada ya en el 1030. En ella se distinguen dos barrios el de Santo Domingo de Silos y el del Duque de Lerma. El barrio silense que dependía del monasterio de Santo Domingo de Silos pertenecía al alfoz de Muñó y el del Duque al alfoz de Lerma. (Encontramos otro caso parecido a este en la provincia de Burgos; el de Temiño, también dividido en dos barrios, el uno perteneciente a Burgos y el otro a Briviesca.) En 1591, hallamos a este pueblo con un censo de 400 vecinos. En 1843 se le atribuye un censo de 79 habitantes, lugar con una escuelita a la que acuden doce niños. En 1950, contaba con 200 habitantes.

Entre los monumentos y lugares de interés de la localidad de Avellanosa de Muñó destaca la Iglesia dedicada a Ntra. Señora de la Asunción que data del siglo XVIII, las cuevas del Pago en la misma localidad, así como la torre medieval de Torrecitores y la Iglesia gótica con portada románica de Paúles del Agua (2 de sus 3 pedanías).

Al lado de Avellanosa se localiza la villa de Tordomar, donde se encuentra la capilla del Linaje de los Carrillo (siglo XIII), dependiendo de ella antiguamente, la localidad de Ruyales del Agua. Su principal símbolo es el puente romano sobre el río Arlanza, construido por el emperador Trajano a principios de nuestra era. El puente pertenecía a una calzada que unía Clunia con Cantabria, Segovia y Astorga en busca de Vía Aquitania muy cercana a la capital francesa de Burdeos.

 

La segunda mitad del siglo XIX y la primera del siglo XX vienen marcadas por grandes convulsiones en el mercado del vino, y como consecuencia en grandes variaciones en el área del cultivo del viñedo.

1. El origen de éstas es la aparición de plagas y enfermedades hasta entonces no conocidas, como puede ser la filoxera que obligó a arrancar casi la totalidad del viñedo existente, y precisó la replantación de viñedos con pies americanos.

2. Se pasó de una agricultura de subsistencia o de autoconsumo, a una actividad basada en la rentabilidad, en la que la carencia de algunos alimentos obligó a su racionamiento y esto estimuló su producción. La mejora de las vías de comunicación incrementó el comercio y la agricultura acabó transformándose en una actividad económica basada en la rentabilidad, por ello los agricultores derivaron hacia los cultivos que hacían esta mayor (cereal), eliminando aquellos menos productivos (viñedo).

La concentración parcelaria cambió la fisonomía de muchos campos, eliminando no sólo el arbolado que crecía en los ribazos de las pequeñas fincas o en los arroyos, sino que ha sido un enemigo implacable del cultivo del viñedo. Siendo la comarca del Arlanza pionera en la concentración parcelaria. Cuando el campo empezó a mecanizarse las fincas resultantes de la concentración hicieron fácil el laboreo de las mismas, pero la viña exigía labores manuales que el tractor no realizaba, como la poda, la vendimia... Trabajar la viña se hacía complicado.

Así mismo, cuando en 1986 se produce la entrada en la CEE, la superficie de viñedo en la comarca es muy pequeña. La CEE estaba inmersa en conflictos en el sector del vino y se temía que el ingreso de España y Portugal agravara la situación, por lo que se dieron retoques al reglamento vitivinícola comunitario, para protegerse de la posibilidad de la expansión de la superficie de viñedo española. (Política restrictiva del aumento de superficie de viñedo)

3. La emigración. Fuerte éxodo rural. Todos los factores anteriores fueron suficientes para desalentar el cultivo de la vid. Por si fuera poco, uno más agravaba la situación: la emigración. El viñedo necesitaba mano de obra que empezó a escasear, desde el primer momento que la emigración comenzó. El viñedo no justificaba su presencia en el terreno.

4. Falta de cooperativas. Las Bodegas cooperativas hubieran podido paliar el abandono que se produjo, como sucedió en otras zonas.

 

Nos definimos como auténticos vignerons (Vigneron: Agricultor que a su vez es Artesano con dotes de Artista. (Definición del italiano Lucca Gargano), con tradición familiar heredada de generación en generación. Buscamos desmarcarnos de la producción masiva y de la elaboración de vinos iguales mediante recetas establecidas.

Nuestras prácticas culturales están encaminadas a fomentar y mantener la biodiversidad, trabajando con cuidado las tierras sobre las que se asientan nuestras cepas. Entendemos la viticultura y cuidamos la viña como un organismo más en nuestro rico ecosistema. Es nuestra manera de proteger y enriquecer el origen de nuestro vino.

 

Todo gran vino tiene un origen concreto, preciso, un lugar verdaderamente especial donde nacer.

 

Nuestras viñas, de variedad tempranillo (tinta fina), se sitúan en la zona limítrofe del norte de la Ribera del Duero. Gracias a familias que preservaron sus parcelas de viñedo frente a la posibilidad de transformar las mismas en grandes extensiones para el cultivo del cereal.

 

El clima continental con grandes oscilaciones térmicas que tenemos unido a la altitud en la que nos encontramos cerca de los 1000m, hace que nuestras uvas posean unas características únicas. Sin olvidar que el suelo es el origen del vino y que los distintos tipos de “terroir” que tenemos así como sus cualidades dejan una marcada huella en las uvas que hacen posible nuestros vinos.

 

Las edades de los viñedos comprenden un amplio abanico: desde los más jóvenes, plantas en espaldera, hasta los más antiguos, en vaso, con cerca de los cien años (pie franco, prefiloxéricas), estando censadas todas y cada una de las cepas.

 

La orografía es otra de las singularidades de esta zona que influye en cómo las condiciones climatológicas de cada añada afectan al viñedo. Las 9 hectáreas de viñedo de Bodegas Carrillo de Albornoz, se sitúan en los términos de Ruyales del Agua y Avellanosa de Muñó, entre los 880 y 935m de altitud, constituyendo el mejor emplazamiento para el viñedo, debido a su buena capacidad para retener la escasa humedad del suelo y a su menor riesgo de sufrir las temidas heladas.

 

Otra característica singular de nuestros suelos es la gran heterogeneidad de materiales que lo componen. En una misma parcela, es fácil distinguir tres o cuatro suelos diferentes: zonas con predominio de la caliza, lenguas arenosas, suelos de tonos grisáceos o suelos más rojizos. Esta diversidad de materiales se refleja en las características de las uvas, haciendo del conjunto un vino singular y de alta expresión.

 

Cada tipo de suelo nos aporta un matiz único en el vino:

 

- zonas franco arenosas que aportan aromas y brillantez,

 

- zonas pedregosas (les gallets) que aportan delicadeza, finura y bouquet.

 

- zonas arcillosas que aportan cuerpo y mayor concentración tánica a nuestros vinos.

 

• Tradicionales.

 

En Avellanosa, como prueba de la tradición vitivinícola de la zona, se localizan varios lagares, en los que se realizaba el prensado en un gran Lagar en el cual se descargaba toda la uva sin ser despalillada y se dejaba fermentar. Estos lagares, que datan del siglo XIX, eran propiedad de varios vecinos, repartiéndose estos en función de las cargas y arrobas que disponía cada uno de ellos. Una vez prensada la uva se trasladaba a las bodegas subterráneas de cada vecino, donde se almacenaba el vino para su posterior consumo. Haciéndose en estas la fermentación maloláctica.

Mientras que los lagares más antiguos disponían de viga y husillo de madera en los más modernos el husillo era de metal y la forma de ejercer la fuerza sobre el castillete (de madera de enebro) es muy distinta

 

Hace apenas unos años, elaborábamos el vino en estos lagares de manera tradicional para rememorar la fiesta de la vendimia. Actualmente los usamos de forma turística y recreativa.

 

• Actuales instalaciones.

 

La Bodega, construida con una cuidada arquitectura propia de la zona en la que se instala, está equipada con la última tecnología. Se pone de manifiesto el compromiso adquirido con el medioambiente, a través de la instalación de paneles solares y de la domotización del edificio. Controlamos en todo momento y desde cualquier lugar con un Smartphone no sólo los procesos de elaboración y crianza de vinos, sino la climatización del mismo.

 

Elaboramos de forma tradicional pero utilizando tecnologías que nos permitan que nuestros vinos sean más aromáticos, estables en el tiempo, con carácter y personalidad. Disponemos de depósitos de acero inoxidable (material resistente, inerte y fácil de limpiar) con dispositivos de control de temperatura y camisas de agua no solo para verificar la temperatura, sino para controlar y estabilizar la misma en todo momento.

 

Así mismo y durante la ejecución de la misma se han integrado bodegas subterráneas en las que a medio plazo se elaborará el vino más exclusivo de nuestra carta, procedente de las cepas centenarias de la parcela Valdelhorno.